De vez en cuando, a todo iluminado entre los cuales me incluyo, se le ocurre diseñar un lenguaje completo con el criterio que más o menos le apetece.
Todo lingüista ve perturbados sus sueños cada noche por la faz de un águila bicéfala llamada Sapir-Whorf. Esta hipótesis sostiene que el idioma que hablamos y aprendemos condiciona también nuestra manera de pensar. Es una teoría que quizá nunca salte la valla para convertirse en hecho probado, pero hay bases como para darla por hecha prácticamente: los hispanohablantes y su posibilidad de omitir el sujeto de las frases van de la mano con una actitud despreocupada ante la vida, en el mundo anglosajón en el que la segunda persona del singular y del plural son la misma palabra se entiende que son dados a la generalización impropia, y el sindiós del alemán es prueba de que son todos una panda de nazis en potencia.
Dicho eso, lo de las lenguas que hablamos es una lotería: unos graditos de longitud y latitud más o menos y yo podría estar hablando francés, árabe, portugués o silbo gomero, cada uno con sus peculiaridades. Si realmente nuestro vehículo para expresarnos actúa también como torno en el cual nuestro cerebro es nada más que arcilla, ¿qué le queda al ADN para darnos chicha? Son tantas variantes, todas ligadas entre sí, que parece difícil pensar que dos o tres moléculas de guanina puedan suponer una gran diferencia.
Sin embargo, hay una manera de eliminar la correlación entre idioma, geografía, condiciones económicas y política para hacer una simulación independiente: las lenguas planificadas. De vez en cuando, a todo iluminado entre los cuales me incluyo, se le ocurre diseñar un lenguaje completo con el criterio que más o menos le apetece: Zamenhof montó el esperanto como lingua franca universal fácil de aprender y se comió los mocos, mientras que la gente que ha dedicado esfuerzo a hablar klingon lo podía haber empleado en aprender a relacionarse con otros homo sapiens. Mis propios intentos más exitosos han consistido de algo que parece más bien una adaptación de los estados del Messenger de 2006 y en los que la palabra "kuleskese" venía a significarlo todo.
Conversaciones de alto calado intelectual.
En cualquier caso, todo designio de revolucionar la comunicación ha quedado en agua de borrajas porque alguien se ha pasado el juego de la creación de lenguajes. Presento el Ithkuil, el idioma de la utopía que un tal John Quijada, probablemente tras una noche espléndida en lo tocante a la espirituosidad, sacó de su ancha manga en 2004. Es impronunciable, ilegible, y virtualmente imposible de aprender, pero su cualidad más valiosa reside en el hecho de que, en Ithkuil, este artículo probablemente entero entraría en un par de líneas.
Por poner un ejemplo, el primero que Quijada explica en su página web/documentación/pasaporte al infierno, la simple frase: "Al contrario, creo que podría resultar que esta escarpada cordillera se suavice en algún momento", se convertiría en la tajante "Tram-mļöi hhâsmařpţuktôx", en la que ya implícitamente se incluye la refutación inicial, la incertidumbre, el concepto de decrecer en intensidad, y el tamaño de las montañas, todo ello en apenas veinte caracteres.
Su creador parecía no estar conforme con la vaguedad de la lengua llana, en la que cada enunciado está lleno de agujeros filosóficos. Si digo "Me cago en tus antepasados más queridos", ¿qué forma tenemos de saber realmente si esa injuria es literal o metafórica, para quién son eso los antepasados más queridos, o la textura y solidez exacta de las deposiciones prometidas? Era un vacío con el que Quijada no podía vivir, y yo, amante de la precisión y la eficiencia como se puede ver por mi poca rebuscada prosa, lo admiro por su enfoque y tesón.
Por si todo eso no fuera suficiente condensación de un estado mental completo, el alfabeto Ithkuil consta de casi 100 símbolos con otro porrón de modificadores diacríticos para darle todos los matices necesarios, con lo cual la frase anterior se quedaría en un escueto:
Quiero más que nada en el mundo aprender Ithkuil, no solo porque estoy muy mal de la cabeza si no porque si Sapir y Whorf estaban en lo cierto, saberlo es lo más parecido que tenemos a vivir en la película esa de Lucy, que era malísima pero salía Scarlett Johansson lo que siempre se agradece.
Llevo aproximadamente tres cuartos de hora intentando buscar la manera de traducir "quien con niños se acuesta, meao se levanta" al Ithkuil, pero mis indagaciones en la gramática no han dado ningún fruto pese a tener quince pestañas abiertas. He llegado a una pequeña comunidad de fanáticos que me ha descubierto el hecho de que hay una versión 4 de la lengua, que es casi en su totalidad diferente a la original, con lo que los pocos progresos que había hecho se han esfumado del todo, y que sin embargo, pese a prometer que es mejor aprender directamente esta última iteración, da por hecho que sabes la versión III a la hora de enseñarte a usarlo. Por lo tanto, acepto mi derrota y me rindo por completo en mi aprendizaje de este galimatías, y me dedico a inventármelo por completo a continuación:
- Primera locución: "quien con niños se acuesta":
- Raíz: ente con voluntad propia: -us-
- Raíz secundaria: ente con voluntad propia pero de menor edad: -l'ag-
- Número de niños: más de 1: -âs-
- Función: advertencia: -na
- Caso: causa: ae-
- Tipo de relación entre raíces en cuanto a la acción: paralelismo: -tá-
- Tipo de relación entre raíces en cuanto a si se conocían de antelación: se presupone confianza: -øli-
- Acción: tumbarse: -llä-
- Ubicación: cama: -lêg-.
- Segunda locución: "meao se levanta":
- Raíz: ente con voluntad propia pero que ha perdido la dignidad: -öd-
- Raíz secundaria: orina: -ga-
- Cantidad de raíz secundaria: litro y medio: -s-
- Función: advertencia: -na
- Caso: efecto: dà-
- Tipo de relación entre raíces en cuanto a la acción: conflicto: -o'l-
- Tipo de relación entre raíces en cuanto a si se conocían de antelación: pérdida del cariño: -iï-
- Acción: dar un respingo tras sentirse húmedo: -mǝm-
- Ubicación: cama encharcada: -äs-



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