Quienes desean desarrollar una relación parasocial con cantantes amateurs están de enhorabuena: Operación Triunfo ha regresado.
La indeseable bendición del turismo playero ha tenido a bien pasar de largo de Elda, quizá por ubicarse a cuarenta kilómetros de la playa. Así que, eximidos de las hordas de británicos exhibiendo diversos matices de bermellón, han tenido que trabajar, que desarrollar una industria propia. Una que se ha convertido en la envidia de Europa: la del calzado femenino.
La entrega del pasado lunes ha sido una de las más excitantes: traiciones, giros, y un desastre en los fogones que supuso la inesperada pérdida de uno de los concursantes favoritos de los jueces.
La explotación de la tragedia para el espectáculo está bastante mal. Lo hemos visto en cada concurso de televisión, así que si se ha convertido en tópico, es porque la gente empatiza con esos aspirantes a la fama que se atreven a cantar, bailar, o partir sandías a cabezazos pese a haber sufrido la pérdida de un ser querido, o de alguna extremidad.
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